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SOCIEDAD

¿Por qué sentimos sueño después de almorzar y qué alternativas existen para combatirlo?

· Julio Salvatierra

Es habitual que, tras finalizar el almuerzo, muchos se encuentren con ganas de dormir, especialmente a eso de las 3 de la tarde. Este fenómeno conocido como el 'bajón de la tarde' no se debe únicamente a lo que se consume en la comida, sino a una combinación de factores biológicos.

Desde el momento en que nos despertamos, la necesidad de dormir aumenta, provocada por la acumulación de adenosina en el cerebro. Este compuesto regula el ciclo de sueño y vigilia y su concentración va en aumento, generando lo que se conoce como 'presión de sueño'. Sin embargo, el reloj circadiano, que controla nuestros ciclos biológicos, también juega un papel fundamental en este proceso.

A medida que avanza la tarde, especialmente después de comer, la presión de sueño se vuelve más evidente. Durante este periodo, el cuerpo se encuentra naturalmente predispuesto a sentir cansancio, lo que puede intensificarse tras un almuerzo copioso.

Las señales que recibe el cerebro del intestino y el metabolismo tras la comida pueden influir en el estado de alerta. Aunque se ha sugerido que las comidas abundantes pueden llevar a una disminución de la atención, no se ha establecido un único tipo de alimento que cause este efecto.

Investigaciones recientes han indicado que la somnolencia post-comida puede ser neurológicamente diferente de la simple falta de sueño. Cambios en la actividad cerebral indican que, tras comer, la inhibición y la lentitud en los tiempos de reacción aumentan, mientras que la privación de sueño se asocia con mayor excitabilidad cortical.

Es común recurrir al café para contrarrestar este bajón, sin embargo, esta bebida no proporciona energía adicional, sino que bloquea temporalmente las señales de sueño. Aunque puede resultar útil a corto plazo, el consumo excesivo de cafeína podría afectar el sueño nocturno y, por ende, la energía del día siguiente.

Para mitigar la somnolencia, la exposición a la luz natural se presenta como una opción efectiva. Los estudios sugieren que la luz diurna puede mejorar tanto la alerta como la memoria de trabajo. Aún más, simular la luz del día en espacios cerrados también ha mostrado beneficios.

Si las estrategias anteriores no son suficientes, tomar una breve siesta puede ser una solución viable. Dormir entre 10 y 20 minutos puede ayudar a reducir la somnolencia y mejorar la concentración sin provocar la sensación de aturdimiento al despertar.

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