SOCIEDAD Denuncias de violencia y expulsiones marcan la realidad de las comunidades menonitas en Bolivia
La abogada Marianela Bozo ha compartido varios casos inquietantes que destacan castigos físicos y expulsiones en colonias menonitas de Bolivia. Estas denuncias generan dudas sobre los límites de la disciplina religiosa y el respeto a los derechos personales, además de poner en tela de juicio la respuesta del sistema judicial nacional.
Uno de los casos más notorios es el de Sara Loewen Fehr, quien fue internada en una institución psiquiátrica en Santa Cruz de la Sierra a los 19 años, tras casarse sin el consentimiento de sus padres. La joven, originaria de la colonia Chihuahua/Neuland Tunas, se fugó a Paraguay con David Wiebe Martens, pero su familia intentó persuadirla para que regresara a Bolivia. Como resultado, Sara fue engañada y llevada de vuelta a su país, donde terminó en un centro psiquiátrico, generando un conflicto legal que aún persiste.
El conflicto se intensificó cuando los padres de Sara interpusieron una denuncia por trata de personas contra David, quien actualmente está detenido en Paraguay a la espera de una posible extradición a Bolivia. Mientras tanto, Sara ha declarado que su decisión de casarse fue voluntaria, lo que complica aún más la situación judicial.
Bozo ha estado vinculada a las colonias menonitas durante tres décadas, inicialmente como contadora y luego como abogada. Su experiencia la ha llevado a conocer no solo a productores y empresarios, sino también a lidiar con denuncias de agresiones y excesos de autoridad en estas comunidades, que a menudo son ocultadas por el secreto y la cultura de disciplina interna.
La violencia y sus consecuencias dentro de la comunidad menonita
Bozo relata un caso en Cuatro Cañadas donde un hombre fue gravemente golpeado por no cumplir con las exigencias comunitarias. Este ataque fue aparentemente autorizado en una reunión religiosa, lo que demuestra cómo las normas internas pueden llevar a situaciones extremas de violencia. A pesar de las evidencias, la justicia ha tardado en actuar de manera efectiva.
Además, la abogada ha sido testigo de represalias hacia quienes se atreven a hablar en contra de la violencia. Algunos testigos del caso del hombre agredido fueron expulsados de la comunidad, una sanción que tiene un impacto profundo en sus vidas al aislarlos social y económicamente.
Otro caso mencionado involucra a un joven que fue castigado por hablar con una mujer, reflejando la severidad con la que se manejan las cuestiones de comportamiento dentro de estas comunidades. A pesar de las dificultades, Bozo ha logrado interponer denuncias que han generado cierto impacto en la detención de estos castigos.
La situación de las colonias menonitas plantea interrogantes sobre la autonomía de estas comunidades frente a la ley y los derechos humanos. Mientras que algunas prácticas pueden estar justificadas en el contexto de la fe, cuando estas involucran violencia y privaciones, se convierten en una cuestión que debe ser abordada por el sistema judicial boliviano.
Finalmente, Bozo subraya que, aunque las comunidades menonitas pueden establecer sus propias reglas, estas no deben contradecir los derechos fundamentales de sus miembros. La justicia debe ser accesible para todos, independientemente de su pertenencia a grupos con estructuras sociales y religiosas particulares, garantizando así la protección de todos los ciudadanos.