ECONOMÍA La búsqueda de Bolivia por energías renovables: Sol, viento y agua como alternativas al gas
La transición hacia energías renovables se ha convertido en una cuestión crucial para la seguridad económica de Bolivia, más allá del debate ambiental. La creciente disminución en la producción de gas natural ha intensificado la presión sobre el suministro de electricidad, lo que hace urgente encontrar alternativas que aseguren el abastecimiento tanto para los hogares como para el sector productivo.
Según datos de la Autoridad de Fiscalización de Electricidad y Tecnología Nuclear (AETN), en 2025, las centrales termoeléctricas generaron el 63,25% de la electricidad en el Sistema Interconectado Nacional (SIN). En contraposición, las fuentes renovables, que incluyen hidroeléctricas, eólicas, solares y biomasa, representaron el 36,75% restante.
La dependencia de las termoeléctricas es más evidente al considerar su capacidad efectiva, que alcanzó aproximadamente el 67,6% al final de 2025, según el Comité Nacional de Despacho de Carga (CNDC). Esto implica que casi siete de cada diez megavatios disponibles provienen de estas instalaciones, cuya principal fuente de energía es el gas natural.
Francesco Zaratti, experto en energía, enfatiza la necesidad de invertir en energías renovables para disminuir gradualmente la dependencia del gas natural en la generación eléctrica. El cambio de matriz no implica el cierre inmediato de las centrales térmicas, sino una reducción progresiva de su participación, reservándolas para momentos en los que la generación a partir de fuentes limpias no sea suficiente.
Bolivia posee un gran potencial para el desarrollo de proyectos energéticos renovables, gracias a su diversidad geográfica. El Altiplano es favorable para la energía solar, mientras que los valles y la región de Santa Cruz cuentan con recursos eólicos, además del potencial hidroeléctrico que podría diversificar aún más la oferta energética.
Sin embargo, para que estas condiciones naturales se traduzcan en proyectos viables, es fundamental contar con financiamiento adecuado, acceso a las redes eléctricas y contratos que permitan recuperar las inversiones realizadas. Zaratti sugiere que el sector privado debería asumir un papel protagónico en este proceso, mientras que el Estado debe enfocarse en crear un entorno que incentive la inversión.
Sergio Arnez, otro experto en energía, alerta que Bolivia debería prepararse para un futuro con escasez de gas. Estima que en dos o tres años, el país podría verse obligado a importar gas natural. Por esta razón, enfatiza la urgencia de iniciar la transición hacia energías renovables antes de que las restricciones en el suministro de gas se conviertan en un problema significativo para el sistema eléctrico.
Arnez también resalta la importancia de contar con proyectos a largo plazo que ofrezcan certidumbre a los inversores, asegurando así un marco regulador estable que permita un retorno adecuado de las inversiones. La previsibilidad es esencial para atraer capital privado en un sector donde se requieren grandes inversiones iniciales.