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ECONOMÍA

El fenómeno de El Niño podría agravar la recesión económica en Bolivia

· Julio Salvatierra

Bolivia se encuentra en una fase crucial ante la llegada de El Niño, con un panorama de escasez de lluvias y suelos estresados que complican aún más la ya frágil situación económica del país.

Actualmente, el déficit hídrico en diversas regiones varía entre el 10% y el 20%, con períodos secos que se extienden entre ocho y 15 días. La humedad del suelo se sitúa alrededor del 30%, y los embalses mantienen niveles de entre el 60% y el 70%, aunque estos últimos están en descenso.

El economista Ramiro Cavero advierte que El Niño podría restar entre 0,5 y 1,5 puntos porcentuales al Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia, y en un escenario más grave esta contracción podría alcanzar el 5% si se considera una caída prevista de 3,6%.

Esta evaluación fue presentada durante el foro "Bolivia frente al Niño: Perspectivas climáticas, impactos y estrategias de prevención para 2026-2027", organizado por el Banco de Crédito BCP en Santa Cruz, donde se debatió sobre las repercusiones económicas y climáticas de este fenómeno.

A nivel regional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) también ha emitido una alerta, considerando que el fenómeno de 2026 podría ser un "Probable Súper El Niño" con más del 90% de probabilidad de alcanzar una fuerte intensidad en otoño e invierno de ese año.

El riesgo hídrico para Bolivia se agrava, ya que la Cepal estima que para finales de 2026 este riesgo podría aumentar del 28% al 66%. Esto representa una preocupación significativa, dado que la escasez actual de lluvias ya está afectando la agricultura y la disponibilidad de agua.

Patricio Valderrama, de Geológica Consultores, resaltó que 2023 se perfila como el año más cálido registrado, con temperaturas que superan los promedios históricos. El índice de vegetación también se encuentra entre un 10% y un 25% por debajo de lo habitual.

El impacto directo de El Niño se sentirá con mayor fuerza en el sector agrícola, donde la menor disponibilidad de agua puede reducir rendimientos. Además, un exceso de lluvias en algunas áreas podría dañar cultivos y afectar la logística de distribución.

La situación se complica con un déficit fiscal cercano al 9% del PIB, lo que limita la capacidad del país para enfrentar una crisis que requiera financiamiento para atención y recuperación.

Cavero sugiere que es crucial fortalecer las capacidades de los gobiernos locales y proporcionar información meteorológica a los agricultores, así como realizar inversiones anticipadas en infraestructura de riego y almacenamiento, y adecuar los cultivos a los nuevos escenarios climáticos.

Con menos lluvias, suelos fatigados y una economía en recesión, Bolivia se prepara para enfrentar un fenómeno que, aunque comienza en el océano Pacífico, tendrá efectos palpables en la producción agrícola y en los precios de los alimentos en el país.

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