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ECONOMÍA

La atracción del contrabando: un dilema económico

· Marcelo Saucedo

Un sondeo realizado por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) ha mostrado que el 90% de los encuestados adquiere productos de contrabando debido a su menor precio. Sin embargo, el 83% de los participantes también reconoce que esta práctica afecta negativamente a las empresas locales y provoca pérdidas de empleo. Este dilema económico pone de relieve una contradicción en el comportamiento del consumidor boliviano, que se enfrenta a la elección entre el ahorro inmediato y las consecuencias a largo plazo de sus decisiones de compra.

Gary Rodríguez, gerente general del IBCE, subraya que la tolerancia hacia el comercio ilegal no solo se debe a una falla en los controles estatales, sino también a la falta de educación en la sociedad sobre las repercusiones del contrabando. "Aquí tenemos un problema no sólo de interdicción o de control por parte del Estado, sino también de educación para la sociedad", aseveró.

El sondeo, que recogió 1.094 respuestas entre el 17 y el 30 de septiembre de 2026, es parte de un análisis más amplio sobre contrabando y falsificación que el IBCE presentará en noviembre. Los resultados muestran que los productos más frecuentemente asociados al contrabando son: ropa (69%), alimentos (65%), electrodomésticos y tecnología (56%), y artículos de limpieza (55%).

Consecuencias del contrabando en la economía formal.

Rodríguez advirtió que el impacto del contrabando va más allá de la pérdida de mercado para los productores y comerciantes legales. También afecta la recaudación fiscal y fomenta la corrupción. Además, el riesgo aumenta considerablemente cuando los productos contrabandeados son falsificados, lo que puede comprometer la salud de los consumidores.

A pesar de que el 69% de los encuestados considera ilegal la compra de contrabando, el 70% admite que, a menudo, adquiere esos productos por falta de alternativas. Este comportamiento se refleja en la percepción general de que el contrabando se ha vuelto una actividad descontrolada, con el 53% de los participantes opinando que su flujo en los mercados ha aumentado significativamente.

El desafío que enfrenta la sociedad es el de tomar decisiones de compra más conscientes, considerando no solo el precio inmediato, sino también las implicaciones para la economía formal y los servicios públicos. En este sentido, el IBCE está trabajando en propuestas que planteen soluciones tanto a corto como a largo plazo, buscando un cambio en la cultura de consumo que favorezca la formalidad.

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