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CULTURA

Juanita Tomichá: el legado de una maestra del pan de arroz

· Karina Ribera

Juanita Tomichá, quien falleció el 26 de marzo de 2025, sigue viva en la memoria colectiva gracias a su legado culinario. El investigador peruano Andrés Ugaz subraya que su esencia perdura en la forma en que se prepara el arroz molido en tacú, la yuca, el queso criollo y la tradición de los hornos de barro. Para Ugaz, la sonrisa de Juanita y su habilidad innata para 'leer' una masa sin depender de recetas impresas son recuerdos que trascienden su ausencia.

El investigador, motivado por los relatos de quienes conocieron a Juanita, siente la urgencia de transmitir su historia a las nuevas generaciones, que a menudo desconocen su contribución a la preservación del patrimonio culinario de Santa Cruz. Afirma que su legado no solo se limita a sus empanadas de arroz o sus famosos mates quemados, sino que también radica en la necesidad de que quienes compartieron momentos con ella cuenten lo que aprendieron.

Originaria de Musuruqui, en San José de Chiquitos, Juanita comenzó a aprender el arte de hacer pan desde muy joven, observando a sus padres. Esta habilidad fue parte de una tradición oral que se transmitía en torno al horno, donde la cocina se convertía en una escuela de vida, basada en la experiencia más que en recetas escritas.

Ugaz recuerda su primera visita a la casa de Juanita hace más de diez años, donde, junto a Ángel Ramos y Widen Abastoflor, vivieron el proceso de elaborar pan. Juanita, a pesar de ser reservada, les enseñó a moler el arroz y a preparar la masa, destacando la importancia de un gesto simbólico que realizaba al marcar una cruz sobre la masa: "Si no hago esto, nada sale bien", les explicó. Este acto refleja la fe y el conocimiento que se entrelazaban en su práctica.

El resultado de su arte culinario era un pan cocido en hojas de plátano, con una corteza crujiente y un centro suave y ligeramente ácido. La magia de su cocina no se basaba únicamente en seguir medidas exactas, sino en la capacidad de Juanita para interpretar las variaciones en los ingredientes que cada día le presentaban. Su habilidad para 'leer' la masa era su mayor talento, lo que le permitía adaptarse a las condiciones de cada jornada.

La creación de la ruta SaboreArte Chiquitos, de la cual Juanita fue pieza fundamental, representó la materialización de su legado. En su hogar, La Siesta del Posoka, la cocina se convertía en un espacio de enseñanza, donde los visitantes aprendían a hacer su propia empanada y compartían momentos alrededor del fogón, complementados con café de olla y otros platillos típicos.

Desde 2016, SaboreArte Chiquitos ha transformado estas tradiciones culinarias en una experiencia de turismo vivencial, promoviendo así la revalorización de la cultura local. Juanita no solo enseñaba a cocinar, sino que también ayudaba a entender el pan de arroz como un símbolo de memoria e identidad dentro de su comunidad.

Para concluir, Ugaz enfatiza que el futuro de la panadería en esta región está intrínsecamente ligado a la memoria de Juanita Tomichá, quien sirve como símbolo y guía. El reto es despertar la curiosidad en las nuevas generaciones y encender la chispa en las 'juanitas' que aún acompañan a sus comunidades, asegurando que su legado no se pierda en el tiempo.

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