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ECONOMÍA

El té boliviano: calidad y origen para conquistar mercados internacionales

· Marcelo Saucedo

En las montañas de Caranavi, a 1.500 metros sobre el nivel del mar, se cultiva un té de excepcional calidad, cosechado a mano en un entorno donde la neblina y los suelos ácidos favorecen a la Camellia sinensis. Este cultivo, que ha encontrado un nuevo hogar en Bolivia, combina tradición, conocimiento y una fuerte apuesta por la calidad, permitiendo que el té boliviano se posicione en el mercado internacional.

Recientemente, David Quispe Flores, productor de Té de Montaña, se destacó al obtener la medalla de oro en la categoría de té verde en la V Competencia de Té Artesanal de Sudamérica, celebrada en Argentina. De igual forma, José Nelson López de Té Brotes Infusiones de Mi Tierra recibió una mención Gourmet en té rojo y Grissel Vergara Flores alcanzó el tercer lugar en el Duelo de Catadores de Té. Estos reconocimientos subrayan el crecimiento y la calidad de los productos bolivianos en la región.

La viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado, resaltó que cada premio es un reflejo del talento local y un impulso para el patrimonio alimentario del país, abriendo nuevas oportunidades en mercados internacionales. La medalla de oro de Quispe, con una puntuación de 75,3, representa más de 40 años de dedicación familiar, comenzando con el cultivo de té en la década de 1980, gracias a la cooperación china que revitalizó las plantaciones en Caranavi.

La historia del té boliviano se repite en el Chapare cochabambino, donde José Nelson López heredó la tradición familiar que comenzó en los años 90 con la introducción de plantines de origen japonés. Hoy, su emprendimiento produce té verde, negro y blanco, buscando un nicho en mercados especializados.

Tradicionalmente, Bolivia ha sido reconocida por cultivos como el café, cacao y quinua, dejando al té en un segundo plano. Sin embargo, la combinación de condiciones naturales y el saber hacer han permitido que este cultivo gane relevancia, especialmente en los Yungas y zonas tropicales de Cochabamba.

Desde un enfoque científico, Guivanna Basilia Tapia Camacho, bioquímica de la UMSA, estudió las propiedades bioquímicas del té en Caranavi, evidenciando que su éxito se debe a un clima propicio y suelos ideales que favorecen no solo el crecimiento de la planta, sino también la formación de compuestos que aportan aroma y propiedades antioxidantes.

El proceso post-cosecha es igualmente crucial, ya que la forma en que se manipulan las hojas determina el tipo de té que se obtiene, ya sea verde, negro, blanco o rojo. Esta diversidad de productos, junto con un enfoque artesanal, está comenzando a captar la atención de consumidores que buscan calidad y un trasfondo significativo en lo que consumen.

Para el futuro del té boliviano, el desafío radica en consolidar su reconocimiento manteniendo altos estándares de calidad. Se requiere impulsar la capacitación de los productores, promover la marca a nivel internacional y crear una cadena que permita transformar este cultivo tradicional en una industria de especialidad. Con premios que atestiguan su calidad, el verdadero reto será convertir ese prestigio en nuevas oportunidades de negocio para las familias que dependen de esta actividad.

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