Voces del Oriente
CULTURA

El Pututu: Un legado culinario de la Chiquitania

· Sergio Justiniano

Concepción, reconocida como la capital de la orquídea, atesora una cultura que se remonta a siglos atrás. En esta región de Bolivia, además de su música barroca chiquitana, se encuentra la receta del Pututu, un plato que despierta el orgullo local y conecta a sus habitantes con sus raíces.

El programa Memorias del Paladar cruceño se adentra en la Chiquitania, donde la tradición y la espiritualidad se entrelazan con la cotidianidad de su gente. Los chiquitanos, acostumbrados a la calidez del clima y al trabajo en el campo, han sabido preservar su identidad cultural desde la época de las misiones jesuíticas.

En esta tierra, encontramos a Asunta Jiménez y su hija Asunta Ípamo Jiménez, quienes nos guían a su cocina para descubrir el proceso detrás del Pututu. A medida que jóvenes músicos practican en el fondo, nos cuentan sobre la importancia de los ingredientes frescos que cultivan en sus chacos.

Asunta, la madre, expresa con orgullo: "El Pututu es una gallina sancochada con maíz y sal, pero su esencia radica en la preparación del maíz y el sabor del caldo". Detalla que para el maíz se selecciona el mejor grano, y el proceso incluye desgranar, pelar, limpiar y moler, todo realizado manualmente.

La receta, aunque sencilla, está cargada de significados familiares. "La cocina es un acto de amor", dice Asunta, quien resalta que en su comunidad, cada comida celebra la unión familiar. Desde los cumpleaños hasta momentos de enfermedad, la comida se vuelve el centro de la convivencia.

Mientras el sol se oculta, los habitantes regresan del campo y se reúnen en torno a la mesa. Las preparaciones como el pan de arroz y el sonso aparecen, destacando cómo la tradición culinaria de la zona sigue viva en cada hogar. Las recetas se transmiten de generación en generación, preservando la herencia cultural de la Chiquitania.

Finalmente, no podemos olvidar el chocolate de maní, una bebida típica que complementa la oferta gastronómica local. Todo esto forma parte de una experiencia que no solo satisface el paladar, sino que también alimenta el alma y el espíritu de comunidad.

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