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SOCIEDAD

El fenómeno de El Niño se intensifica y perdurará hasta enero

· Sergio Justiniano

El fenómeno climático conocido como El Niño ha comenzado a manifestarse con fuerza, trayendo consigo variaciones en la temperatura, disminución de la intensidad de las lluvias y una menor disponibilidad de agua. Esto representa un desafío significativo para la producción agrícola, además de un aumento en el riesgo de incendios forestales.

La magnitud de estos cambios depende de la fuerza del fenómeno, que ocurre cuando las temperaturas de las aguas del océano Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan de manera anormal y sostenida. Según el ingeniero climatólogo Kenny Quisberth, del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), cuando el calentamiento oscila entre 0,5 y 1 grado Celsius se clasifica como un Niño débil; entre 1 y 1,5 grados, como moderado; entre 1,5 y 2 grados, como fuerte; y cuando supera los 2 grados, se considera muy fuerte. Este año, hay altas probabilidades de que la temperatura sobrepase los 2 grados.

La alteración de las temperaturas oceánicas y atmosféricas puede cambiar el clima durante varios meses. Generalmente, una fase de El Niño débil se presenta cada dos a siete años, con una duración entre nueve y doce meses. Sin embargo, esta frecuencia puede variar, y el fenómeno puede aparecer incluso cada dos o tres años.

Kenny Quisberth recuerda que ya se han registrado fenómenos de El Niño muy fuertes en el pasado, específicamente en tres ocasiones: entre 1982 y 1983, entre 1997 y 1998, y la última de estas intensidades ocurrió entre 2015 y 2016. Aquellos periodos mostraron similitudes con la situación actual que podría enfrentar Bolivia.

El evento de 2015 a 2016 estuvo marcado por una notoria escasez de lluvias, lo que generó una crisis hídrica en La Paz, resultando en racionamientos y falta de agua. Bolivia, con su diversidad climática, se encuentra en una posición vulnerable ante estas variaciones.

El fenómeno de El Niño puede provocar sequías en algunas regiones mientras que en otras puede haber lluvias intensas. Sus efectos son variados, con la posibilidad de que algunas áreas sufran inundaciones y desbordes de ríos, mientras que otras enfrenten sequías prolongadas y daños graves a la agricultura.

Se espera que entre agosto y octubre se presente un déficit significativo de lluvias en la Amazonía, la Chiquitanía, el Chaco y los Valles, siendo el norte de Santa Cruz, Beni, Pando y el norte de La Paz las zonas más afectadas. Además, las altas temperaturas impactarán en el occidente del país.

La fase crítica de El Niño se anticipa entre noviembre y enero de 2027, con sequías agrícolas severas concentrándose en las tierras altas y olas de calor extremo extendiéndose a nivel nacional.

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