ECONOMÍA El auge de la economía digital en Bolivia: un cambio impulsado por la escasez de dólares
La crisis de disponibilidad de dólares ha acelerado una transformación notable en Bolivia, posicionando al país como uno de los ecosistemas tecnológicos más vibrantes de la región.
Un diseñador gráfico de Santa Cruz, por ejemplo, puede completar un proyecto para un cliente en California y recibir su pago en dólares digitales. En cuestión de minutos, convierte parte de esos fondos a bolivianos a través de su celular y paga su almuerzo utilizando un código QR. A la distancia, un importador realiza pagos a proveedores en China sin necesidad de esperar por transferencias bancarias. Lo que antes parecía complicado, ahora es cotidiano en una economía en rápida evolución.
Aunque términos como blockchain y criptomonedas eran poco conocidos en Bolivia, la situación comenzó a cambiar a mediados de 2024, cuando el Banco Central levantó restricciones, permitiendo un nuevo marco para las transacciones. Esta transformación se había iniciado antes, con los pagos digitales en aumento; entre 2019 y 2024, el número de operaciones electrónicas diarias se disparó de 390,000 a casi 2.8 millones, y los pagos digitales per cápita crecieron de 19 a 141 al año.
La insuficiencia de dólares llevó a individuos y empresas a buscar alternativas más eficientes para realizar pagos y proteger sus recursos, lo que impulsó el desarrollo de un ecosistema donde convergen empresas tecnológicas y nuevos modelos de negocio. Como señala Kublai Gómez, fundador de XHash, el sistema tradicional de transferencias SWIFT, que solo mueve mensajes y no dinero, ha sido superado por nuevas plataformas que ofrecen procesos más ágiles.
Desde la eliminación de restricciones para los activos digitales, Bolivia ha experimentado un crecimiento que superó las expectativas. Según datos de Chainalysis, entre julio de 2024 y junio de 2025, el país alcanzó transacciones por $us 14,800 millones en activos digitales, con un incremento de más del 630% en el volumen de negocios durante el primer semestre de 2025, en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Este fenómeno ha puesto a Bolivia en el foco de atención internacional, ocupando el puesto 46 en el Índice Global de Adopción de Criptomonedas. Este avance contrasta con la experiencia de El Salvador, que, a través de una estrategia gubernamental, ha desarrollado su propio ecosistema de activos digitales.
Sin embargo, el movimiento de dinero es solo un aspecto de esta transformación. La misma tecnología se está empezando a utilizar para proteger datos y validar identidades, lo que abre un nuevo reto en torno a la confianza. A medida que el ecosistema digital crece, también surge la necesidad de establecer regulaciones que brinden seguridad a los usuarios y a las empresas.
Uruguay es un ejemplo de cómo construir un marco normativo que permita la evolución tecnológica mientras protege a los consumidores. Patricia Tudisco, del Banco Central de Uruguay, menciona que el país ha trabajado en un análisis profundo y en ajustes legislativos en los últimos cinco años.
Bolivia debe comenzar a recorrer este camino de manera similar, aprovechando su demanda y capacidad de innovación. El desafío que enfrenta ahora es crear un entorno regulatorio que fomente la innovación y proteja a los usuarios, asegurando que el crecimiento de la economía digital se traduzca en oportunidades sostenibles a largo plazo. En un giro sorprendente, lo que eran conversaciones entre especialistas hace dos años, hoy son parte integral de la toma de decisiones de empresas y emprendedores.