CULTURA La herencia de septiembre en Santa Cruz
La guerra de Independencia en Santa Cruz fue un proceso extenso que se inició en septiembre de 1810 y culminó el 14 de febrero de 1825, cuando el departamento se declaró independiente de la Corona española.
Durante 250 años, Santa Cruz formó parte del Imperio español, disfrutando de ciertas ventajas gracias a su ubicación estratégica como frontera. La lucha por la independencia, que se extendió a lo largo de casi quince años, fortaleció el sentido de lucha y autonomía de los cruceños.
Una vez finalizada la guerra, los cruceños tenían claras sus expectativas respecto al nuevo orden republicano. En las 21 instrucciones que la Municipalidad presentó a los delegados de la Asamblea Deliberante —que daría origen a Bolivia— expresaron su compromiso con la democracia, la constitucionalidad y la separación de poderes.
Entre sus principales demandas se encontraban la educación en todos sus niveles y el libre comercio como fundamento del bienestar social, además de la construcción de infraestructuras que conectaran a Santa Cruz con el mundo exterior a través del río Paraguay.
Un año después de la independencia, los cinco representantes de Santa Cruz que acudieron a la Asamblea Constituyente continuaron abogando por transformar el nuevo país, dando lugar a la primera Constitución de Bolivia a finales de 1826.
A 216 años de ese septiembre de 1810, la aspiración de transformación está más viva que nunca. A lo largo de los 201 años de historia independiente, Santa Cruz ha cuestionado la excesiva centralización del Estado.
En este siglo, se ha impulsado una de las reformas más significativas del Estado central: la autonomía departamental, un deseo persistente de la sociedad cruceña que permitió la elección de autoridades y la redacción de leyes propias.
La lucha por la autonomía, reflejada en los cabildos de 2004 y 2005, así como en la elección de prefectos, ha sido un esfuerzo impulsado desde Santa Cruz que ha beneficiado a toda Bolivia. La recolección de firmas para un referéndum nacional sobre la autonomía, con resultados vinculantes, también tuvo su origen aquí.
Actualmente, todos los bolivianos gozamos de la autonomía por la que se luchó, un derecho que ha implicado sufrimiento para muchos. El futuro nos plantea el desafío de ejercer plenamente nuestras competencias y ampliar la autonomía, consolidando así un anhelo que ha perdurado por más de dos siglos.