SOCIEDAD La dura realidad de los micreros en Santa Cruz: entre el sacrificio y la precariedad
Martín Calderón, un conductor de la línea 8 que inicia su recorrido en la rotonda del Plan 3000, comparte su experiencia sobre la nueva tarifa transitoria impuesta en Santa Cruz. Desde las 4 de la mañana hasta casi la medianoche, su jornada laboral se convierte en un constante desafío, donde la falta de un salario fijo es la norma.
Los micreros, obligados a entregar una renta diaria al propietario del vehículo, deben lidiar con la presión de cubrir gastos antes de poder hacer uso de sus propias ganancias. Calderón enfatiza que "no hay salario, hay que entregar renta; a veces se gana 100, 150 o 200 bolivianos, dependiendo del día, mientras que la renta fija es de 600 bolivianos".
La situación de Calderón no es un caso aislado. A lo largo de varias rutas en Santa Cruz, se ha podido observar que numerosos transportistas enfrentan condiciones similares. Este problema estructural afecta a la mayoría de los trabajadores del volante en la ciudad.